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La
música clásica no muerde |
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| ¿Qué hacer
para que un nuevo público se interese por la música
clásica? ¿Cómo hacer para sumar nuevos oyentes
a esta experiencia?
Los conciertos que ofrece la temporada Allegreto están especialmente concebidos para que los chicos descubran que el mundo de la música también puede ser divertido. Para comprobarlo, invitamos a docentes y alumnos a asistir a encuentros en los que la música clásica se presenta en jeans y zapatillas. Los programas seleccionados no exceden los 50 minutos, son presentados por especialistas y están siempre seguidos por una ronda de preguntas que los chicos le formulan a los músicos. Propiciar el primer encuentro entre los chicos y la música es para nosotros una gran responsabilidad: tenemos a disposición un joven auditorio que puede convertirse en el público del mañana. Para llevar a cabo este desafío (mezcla de conquista y encantamiento), convocamos a los mejores intérpretes. Son ellos quienes conocen los secretos para que esta ocasión se transforme en un acontecimiento que demuestre la falsedad de ciertos presupuestos que entorpecen el acercamiento a la música. Para crear las condiciones que permitan que ese encuentro se realice, queremos compartir con los docentes que acompañan a sus alumnos a los conciertos las siguientes premisas: Evitar cualquier apelación a la genialidad, sublimidad o belleza de las obras clásicas. Priorizar el gusto de cada oyente y ayudar, a través de su exploración en esa región, a gozar de los indudables e infinitos placeres de la música. Aclarar de una vez y para siempre que la música clásica no es necesariamente mejor que otras músicas. Simplemente, que suele ser más compleja. Y no se sigue de ello que sea mejor... Evitar toda asociación entre este tipo de música y el marco en que habitualmente se presenta. Las grandes salas y sus butacas de terciopelo, el silencio sepulcral ante la audición y la condena de aplaudir entre movimientos son características ajenas a la obra. La música clásica no es responsable del empleo que se ha hecho de ella. Y
sobre todo: abrir los oídos y tratar de olvidar prejuicios
propios y ajenos debería ser el ideal. Y educar. No desde
el dedo amenazante del ARTE MAYOR si no desde la sencillez indestructible
del propio gusto. |
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